Me gustaba estar tan enamorada
que estaba ciega,
que me embriagaba
y emborrachaba de sus ojos.
que hay algo en mis pulmones
¿Sabéis ese momento en el que juegas con un niño a hacer un puzzle y tratan de encajar dos piezas que claramente no pueden ir unidas? Y por más que lo intentan y persisten mediante la fuerza en unir esas dos piezas, siempre hay huecos e imperfecciones, y se nota la tensión entre ambas, la incomodidad, se nota, perfectamente, que no es su lugar.
Son como ese llanto que te entra cuando te ríes demasiado y en realidad, se te cae el mundo encima. Esa clase de personas que te cambia la vida pero sabes que no podrás volver a estar con ellos del mismo modo. No podréis volver a tener la misma clase de relación y no podrán volver a ayudarte del modo que hicieron una vez. Son gente que de infunda la felicidad que habías perdido en días -o periodos- de absoluta crisis. Salvavidas en la tormenta que te mantienen a flote para que termines tú mismo por seguir nadando.
Pero creo que no me está yendo tan mal, he aprendido de filosofía; cuánto odio a Kant y lo mucho que me gustan las locas ideas de Nietzsche. He aprendido que jamás me acordaré de las capitales europeas pero que la mejor forma de aprenderlas es viajando directamente a ellas. También he aprendido, en estos años, que me gustan más los libros clásicos que los modernos, que Gabriel García Márquez es un pedazo de autor y que Javier Marías escribe como yo, pero en chico. He descubierto que soy de las del camino difícil, porque los ejercicios más fáciles de las matemáticas siempre me saldrán mal, pero que lo clavaré en los más difíciles. También me he empezado a interesar por el ultramundo de Internet y por cómo nos vigilan, ahora sé un poco más de marketing, publicidad y cómo nos informamos. Me he interesado por la política, por quién narices va a gobernarnos y he intentado que las palabras vacías de los políticos no me engañen. Ahora sé mucho más de economía, y aunque tenga miedo de ir al banco, es más importante de lo que creemos. He aprendido a que solo me acuerdo de las anécdotas más absurdas de la historia pero no la verdadera historia, y que jamás en la vida recodaré las fechas si no son de cumpleaños de gente a la que aprecio. Por otra parte, me ha atrapado el bilingüismo y hoy en día en mi casa, utilizo el inglés y el español casi simultáneamente, lo que, de hecho, me enriquece notablemente. También me he enamorado del cine, de ese sí que sé, y de forma autodidacta, que parece que hoy en día tiene más validez.
Hace tiempo que dejé de pedir cosas absurdas a las velas encendidas mientras cierro los ojos y soplo, hace tiempo que me dejó de importar sacar buenas notas y aprobar todo, encontrar el amor o tener algo material que deseaba con demasiadas ganas. Hace tiempo que lo único que deseo al cerrar los ojos es la felicidad, nunca dejar de ser feliz, nunca dejar de ser yo.